lunes, 9 de febrero de 2009

Ocupaciones raras

Buenas a todas,

Cortázar no deja indiferente. En la reunión hubieron puntos de vista muy diversos...Ana decía que no le gusta porque es muy absurdo, Xelo contestaba que es absurdo, pero que es muy gracioso y Consol sostenía que no es absurdo, que simplemente tiene otra forma de ver las cosas, jeje.

Los capítulos que más gustaron fueron Etiqueta y prelaciones, en el que hablamos sobre nombres/sobrenombres/apodos reales y nos reímos mucho la historia de un amigo de Vicent llamado Cristóbal Colón cuando unos policias estadounidenses le pidieron que se identificara. También gustó el carácter kafkiano de Tía en dificultades, a raíz del cual hablamos de miedos y fobias. De Pérdida y recuperación del pelo nos sorprendió las diferentes interpretaciones a las que daba pie, personalmente ví en este capítulo una crítica a los objetivos fijos, a la seriedad de la vida y a que ésta tenga un sentido.

Conectando con la anterior tertulia, acabamos hablando del dadaísmo/surrealismo de Marcel Duchamp, mediante un libro que nos trajo Patri, y pospusimos la lectura del Manifiesto dadaísta para el viernes que viene, ya que Jose, que tenía que traerlo, no pudo venir.

Pues nada, seguiremos dándole en la próxima reunión, para la que quedamos en leer hasta Acefalia [inclusive], pág. 78.

¡Un abrazo!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Oi pra todo mundo!!!!
Bueno, otra vez, impresiones... Sigo pensando que lo que tenemos sea un juego lingüístico. Si en la primera parte del libro lo que más me había llamado la atención era la tensión entre lo frío y lo caliente, ahora me gustaría subrayar más que la división, sino la incompatibilidad entre el mundo de las palabras y el mundo de las cosas. Como ya había señalado, me parece que el lenguaje para Cortázar no sea mera representación sonora del mundo de las cosas, sino que, constituye un mundo propio, posee corporalidad y reivindica su valor e independencia a partir de dicha materialidad: “escuche por dentro (...)si oye un sabor a pan, un tato de dedos (…) compre solfeos”; “las palabras, por ejemplo, no hay día en que no las lustre, las cepille, las ponga en su justo estante, las prepare y acicale para sus obligaciones cotidianas (…) las palabras que me gustan, con sus juegos y sus brincos y sus rabiosas querellas”. Además de constituir un mundo paralelo al que vivimos, las palabras muchas veces veces están en desacuerdo a este mundo, sirviendo para paralizar, estancar el flujo de la vida y la posibilidad de alguna especie de creatividad, siendo concebida como “una fría maquinación preestablecida, horrendamente impresa en chapas de bronce o de esmalte, tablas de la ley inexorable que aplastan la sencilla espontaneidad”. A través del nonsense, de hecho las palabras acaban por sufocar la vida “Primero las bibliotecas desbordarán de las casas; entonces las municipalidades deciden (…) sacrificar los terrenos de juegos infantiles para ampliar las bibliotecas. Después ceden los teatros, las maternidades”. Bueno, creo que como ejemplo usual del hecho que las palabras muchas veces quitan vida a las acciones o entonces impiden su consecución, entrando en su lugar, tenemos el refrán: “Perro ladrador, poco mordedor”.
En el último extremo (y también estoy refiriéndome al último cuento “Acefalia”), así como decir que quiere no es lo mismo que querer (qué cursilería...), decir que “a un señor le cortaron la cabeza” no es lo mismo que cortarle la cabeza. Tanto es así que el señor sigue vivo y recuperando progresivamente los cinco sentidos del cuerpo. Hago hincapié en el hecho de que el último sentido a ser recuperado fue la audición (¿por último pero no menos importante? la verdad es que no sé decir...), justamente la vía por donde se nos entran las palabras: “palabras de consuelo y esperanza muy hermosas en sí, lástima que con cierto aire de usadas, de dichas muchas veces, de gastadas a fuerza de sonar y sonar”, trecho este que desnuda a las palabras en su condición corpórea y a la vez denuncia el hecho que todo ya está dicho desde siempre, que aunque podamos decir lo que queramos, combinar las palabras conforme más nos aplazca, nos parezca innovador o revolucionario, estamos condenados a la repetición, a la imposibilidad de lo totalmente nuevo, ya que las palabras están “colmadas de polvo”, traen una historia bajo la piel que se reaviva a cada acto de enunciación.
Por lo tanto, pongo un punto final a este devaneo diciendo que, si el autor puede jugar con las palabras, decir los más grandes disparates, sólo puede hacerlo a partir de palabras mucho más vividas y listas que él propio, palabras que se imponen en sus reglas de combinación y en su producción de sentido, lo que en el último extremo nos denuncia el hecho que las palabras son quienes juegan con el autor, del mismo modo como siempre juegan con nosotros en la comunicación cotidiana (situación que se intensifica en mi posición extranjera, extraña, para quien con más frecuencia y nitidez las palabras se figuran como trampas). Ya basta de palabras (vaya mundo temible de las palabras! para decir que ya no las quiero, estoy condenada a quererlas y a decirlas otras vez más).
Um beijo pra todo mundo da Flavia!

Anónimo dijo...

Eu de novo ;)
De alguna manera, desde que empecé a leer este libro, no me salen de la cabeza estos dos poemas. Se los dejo aquí, para los que les parezcan bien leerlos. El primer trata de la existencia de un mundo constituido por palabras, en el cual se hace muy difícil penetrar, ya que las palabras, por poseer una superficie nacarada y una estructura de sentidos plural que se abren como en un abanico, nos confunden y nos engañan en un juego que por veces acaba por resbalar en el sadismo:


Chega mais perto e contempla as palavras.
Cada uma
tem mil faces secretas sob a face neutra
e te pergunta, sem interesse pela resposta,
pobre ou terrível que lhe deres:
Trouxeste a chave?
Carlos Drummond de Andrade

El segundo se presenta más bien como una receta de cómo debería ser nuestra reacción a la dureza e impenetrabilidad con la cual se presenta dicho mundo lingüístico, receta ésta que sugiere que nuestra relación con las palabras siempre se dé por fuerza de violencia, ya que para “usarlas en determinada acepción”, necesariamente intentamos (muchas veces en vano) sufocar miles de efectos de sentidos que también se movilizan con el uso de determinado léxico:


Dales la vuelta, 
cógelas del rabo (chillen, putas), 
azótalas, 
dales azúcar en la boca a las rejegas, 
ínflalas, globos, pínchalas, 
sórbeles sangre y tuétanos, 
sécalas, 
cápalas, 
písalas, gallo galante, 
tuérceles el gaznate, cocinero, 
desplúmalas, 
destrípalas, toro, 
buey, arrástralas, 
hazlas, poeta, 
haz que se traguen todas sus palabras.
Octavio Paz

La verdad es que no consigo decir nada más sobre estos poemas pero tampoco consigo olvidarmelos. Vengo compartir de la angustia de quien quiere decir algo y no encuentra palabras:)
En última instancia, que ellos sólamente nos aplazcan en un nivel anterior a las palabras...
Abraços!