Hoy acabamos con Cortázar, y fue de las peores despedidas que se le pueden hacer a alguien...hablando poco de él, jeje.
Personalmente estoy enamorado de Cortázar, de los capítulos que iban para hoy me gustan casi todos: Historia, La cucaracha estrecha, La foto salió movida, Relojes, Comercio, Su fe en las ciencias, y fragmentos como:
Pasa que los cronopios no quieren tener hijos, porque lo primero que hace un cronopio recién nacido es insultar groseramente a su padre, en quien oscuramente ve la acumulación de desdichas que un día serán suyas.
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Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevan en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
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Una esperanza creía en los tipos fisonómicos, tales como los ñatos, los de cara de pescado, los de gran toma de aire, los cetrinos y los cejudos, los de cara intelectual, los de estilo peluquero, etc. [...], y en lo único que se parecían a esa altura de las cosas era en su firme voluntad de seguir bebiendo a expensas de la esperanza.
Hicimos un poco el balance general del libro, donde Guillermina nos decía que es raro porque no es una historia, pero que se ha reído mucho, y Ana nos sorprendió diciendo que Cortázar está loco, pero que todas tenemos un poco de locura porque si no ¿cómo aguantaríamos la vida?
El próximo libro no será ni El halcón maltés, ni La pasión según G.H, ya que no están disponibles en edición de bolsillo. Así que decidimos leer Once minutos de Paulo Coelho, aprovechando que en el Bovalar tienen bastantes ejemplares.
Y para el próximo día quedamos en hacer una tertulia sobre el amor, jeje. Llevaremos dos textos con visiones bastante diferentes del tema y las leeremos y comentaremos allí.
*Contra el amor de Carlo Fabretti
*Carta a D. Historia de un amor de André Gorz
Por último, quería mandar un abrazo muy grande a Flavia (Te echamos de menos!) y otro a Mariola, y esperamos que nos acompañeis con las limitaciones del blog.
BeSOS.

1 comentario:
Buenas, bonitos!
No he leído las cartas estas de la muerte a la machacada, pero el hecho de que se hayan suicidado hace con que yo respire hondo, me ponga perpleja y piense en lo que puede venir a significar esta palabra: Ah, amor...
La verdad es que estoy aquí por el señor que escribió en contra el amor, alegando que éste sea trastorno afectivo-sexual de naturaleza ideológica...
¿Quién no está trastornado? Claro, alguien que dice: allí existe un trastorno, probablemente no se sienta atingido por él... Y principalmente, ¿qué no es ideología? Me parece que el que dice: Allí hay una ideología!, no comparta de la opinión de que él también argumente desde un lugar ideológico.
Bueno, si ideología es el mecanismo de naturalización de los sentidos (Pêcheux, en Semántica y Discurso: Una crítica a la afirmación del obvio), solo nos libertamos de ella ilusoriamente, ya que libertarnos de una es inevitablemente ser atrapado por otra. Separar los sentimientos y las relaciones de dominación en un trabajo que se da por el lenguaje, por lo tanto, no consigue jamás dejar de ser ideológico, ya que "el signo verbal es ideológico por excelencia". (Bajtin, en Marxismo y Filosofía del Lenguaje).
Ahora, para empezar con la ideología de la cual comparto, algo de filología... De alguna cosa me habrá servido la carrera... (para ser pesada, lo pienso...)
La palabra amistad deriva del latín amare, origen también del término amor. En griego se dice philía, palabra de la misma raíz que el verbo querer. En griego (Aristóteles, en Ética a Nicómano) philía abarca todo tipo de relación basada en lazos de afecto, de cariño o amor, y de ahí que Aristóteles incluya bajo este sustantivo tanto el cariño entre padres e hijos como la relación apasionada entre amantes.
Sin embargo, en El Banquete o Del Amor, uno de los discursos fundadores de las abstracciones sobre el tema, ya trae una discusión sobre el significado de la polémica palabra amor:
“Ya sabes que la palabra poesía tiene numerosas acepciones, y expresa en general la causa que hace que una cosa, sea la que quiera, pase del no-ser al ser, de suerte que todas las obras de todas las artes son poesía, y que todos los artistas y todos los obreros son poetas.
—Es cierto.
—Y sin embargo, ves que no se llama a todos poetas, sino que se les da otros nombres, y una sola especie de poesía tomada aparte, la música y el arte de versificar, han recibido el nombre de todo el género. Esta es la única especie, que se llama poesía; y los que la cultivan, los únicos a quienes se llaman poetas.
—Eso es también cierto.
—Lo mismo sucede con el amor; en general es el deseo de lo que es bueno y nos hace dichosos, y este es el grande y seductor amor que es innato en todos los corazones. Pero todos aquellos, que en diversas direcciones tienden a este objeto, hombres de negocios, atletas, filósofos, no se dice que aman ni se los llama amantes; sino que sólo aquellos, que se entregan a cierta especie de amor, reciben el nombre de todo el género, y a ellos solos se les aplican las palabras, amar, amor, amantes.
—Me parece que tienes razón, le dije.
—Se ha dicho, replicó ella, que buscar la mitad de sí mismo es amar. Pero yo sostengo, que amar no es buscar ni la mitad ni el todo de sí mismo”
Como nos damos cuenta, la palabra amor no aparece aquí encerrada en la relación de pareja monogámica que sufre, se destruye por los celos, por las ganas que uno tiene de poseer al otro, tal como se dibuja en el texto de Fabretti, sino que se esparce en un sinfín de sentimientos y voluntades. También creo que el amor sobre el cual nos habla el manifiesto no tiene nada que ver con lo que se llama amor erótico, sino con amor psicótico.
Asimismo, me parece que la dicotomía entre el amor y la amistad no sean excluyentes, como nos apunta Fabretti, sino que son dicotomías arbitrarias, paralizándonos en lo monocromático, cuando, a lo mejor funcionen como los colores primarios y posean la capacidad de generar todas las tonalidades con las cuales se tiñen nuestros sentimientos. Me parece fatal oponer la palabra amor a la palabra amistad, ya que pienso que no sean islas, sino una costa, un continuo que se transforma (y por qué no se trastorna), una linea que se nacara, que tiene algo de espiral, un paisaje cambiante, que a veces se rompe, resultante de muchas variables.
Escribir un manifiesto en "contra el amor", como última consecuencia, es escribir en contra a la palabra amor, como él propio declara: "en realidad hay que inventar una palabra nueva", como si este hecho resolviera el tema...
Comparto de la opinión, que también ya se vislumbra en El Banquete, de que el amor sea algo que tenga que ver con nuestra voluntad de saber, de sentir el sabor, de conocer, de conocernos, de modo que el amor y la búsqueda del conocimiento nos rompen en una misma ruta, nos interpelan a partir de un mismo halo en en cual insistimos en hallarnos, una misma falta que nos funda, nos lleva a hablar, a argumentar y que nos pone en movimiento.
Bueno, por fin les dejo un trecho de Musil, al narrar la trayectoria incestuosa de dos amantes-hermanos. De alguna manera, el trecho se relaciona con la búsqueda de conocimiento, que en el último extremo es la búsqueda de nosotros mismos, de la (des)construcción de nuestra identidad, de la casa donde vivimos, aunque sea transitoria, ilusoria. Claro, muy probablemente tenemos algo de inaccesible; el conocimiento posee algo de imposible, no hay dudas. Sin embargo, el hecho de que dicha búsqueda sea imposible no me parece un motivo para que no la queramos. Al fin y al cabo, esto es poiésis, poesía en sentido amplio: pasar del no-ser al ser, al ser múltiple, a los infinitos seres, a partir de lo ínfimo que somos:
"...se me ocurrió que el sentido de estos sueños es (y podría ser que significara el último recuerdo de ello) que nuestro ardoroso deseo no pide que hagamos un solo ser de dos, sino, al contrario, que huyamos de nuestra prisión, de nuestra unidad, que nos convirtamos, en la unión, en dos, o mejor, en doce, mil, una multitud incontable: que nos escabullamos de nosotros mismos como en sueños, que bebamos la vida hervida a cien grados (...)"
Un abrazo que les brinde con una multitud de vidas hervidas a cien grados!
Por cierto, les escribo desde el Jardín del Amor, que es justamente el nombre del barrio donde vivo yo... (Es que no basta ser pesada, hay que resbalar en la podredumbre de la cursilería)
Saudades,
Flavia
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