Esta última tardecita de viernes fue muy rica en comidas de todo tipo y sobretodo rica en gente y en palabras... Pido disculpas porque no tomé notas de lo acontecido, pero estuvimos platicando de las Palestinas y los Brasiles con Anita y Flavia, echamos mucho de menos a Guillermina y comentamos lo que nos quedaba de Chesil Beach.
Para el próximo día quedamos en leer el acto primero del nuevo libro: Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo, que presentamos a continuación.

La frustración, el desasociego, la impotencia de una clase trabajadora que no logra salir adenlante aunque haga todos los esfuerzos para ello. Aunque también encontramos personajes y sobre todo la escalera que encarnan la demagogia y la inmobiblidad del sistema, el decir que se va a hacer todo por avanzar pero quedarse en el mismo punto de partida, sin dar ninguna salida a la gran mayoría de la población . En la escalera del edificio encontramos, asi como en la sociedad de posguerra, una mayor parte de personas que viven sin ninguna proyección hacia el futuro debido a la imposibilidad económica, y una familia minoritaria que encarna esa mínima parte de la sociedad que tiene los medios para progresar.

Antonio Buero Vallejo
Nació en Guadalajara y cursó los estudios de bachillerato en su ciudad natal (1926-1933). Militante republicano en la Guerra Civil española pasa por varias cárceles y sale en libertad condicional el año 1946. En 1949 obtiene el premio Lope de Vega con Historia de una escalera y en el mismo año el premio de la Asociación de Amigos de los Quinteros por su acto único: Las palabras en la arena.
Su obra dramática se integra en una serie de planos que aparecen superpuestos en sus primeras obras (lo simbólico y lo realista, lo existencial y lo social) y que irán evolucionando a lo largo de su trayectoria dramática.
La historia de una escalera (1949) —obra que marcó un hito en el teatro de la postguerra— se puede calificar como el drama de la frustración social visto a través de tres generaciones de la clase media baja, asi como en La ardiente oscuridad (1950), La tejedora de sueños (1952), La señal que se espera (1952), Casi un cuento de hadas (1953), Irene o el tesoro (1954). En Hoy es fiesta (1955) y Las cartas boca abajo (1957), los ambientes se acercan a los representados en La historia de una escalera, desarrollándose respectivamente en la azotea y en el interior de unas casas modestas. Un soñador para un pueblo (1958) es, en cierto sentido, un «drama histórico» (sobre Esquilache, ministro de Carlos III). Sobre Velázquez, Las Meninas (1960), y Goya, El sueño de la razón (1970), están basados los dos dramas siguientes de tipo «histórico». A ellos se une La detonación (1977), que gira en torno a la figura de Larra. El tragaluz (1967) enfrenta dos mundos paradójicos: vencedores y vencidos. La doble historia del doctor Valmy (1976). En La llegada de los dioses (1971), vuelve a aparecer la ceguera del protagonista como símbolo de la rebelión contra las injusticias que le rodean. La aacheción (1974), en esta obra merecen destacarse las modernidades técnicas del dramaturgo: el público ve la realidad escénica a través de la fantasía del personaje principal. La situación política de fines de los setenta le inspira Jueces en la noche (1979). Con Caimán (1981), vuelve a los planteamientos sociales de su comienzo. La obra dramática de Buero Vallejo es considerada como la más relevante de la posguerra en España. A través de ella el autor intenta adquirir conciencia de las realidades de tipo psicológico, social o metafísico en que se desarrolla la vida del hombre actual. En 1980 recibió el premio nacional de teatro, y en 1986 los premios Pablo Iglesias y Cervantes por el conjunto de su obra. Muere en Madrid en el 2000.
¡Hasta el próximo ocaso, hermanas!
Nació en Guadalajara y cursó los estudios de bachillerato en su ciudad natal (1926-1933). Militante republicano en la Guerra Civil española pasa por varias cárceles y sale en libertad condicional el año 1946. En 1949 obtiene el premio Lope de Vega con Historia de una escalera y en el mismo año el premio de la Asociación de Amigos de los Quinteros por su acto único: Las palabras en la arena.
Su obra dramática se integra en una serie de planos que aparecen superpuestos en sus primeras obras (lo simbólico y lo realista, lo existencial y lo social) y que irán evolucionando a lo largo de su trayectoria dramática.
La historia de una escalera (1949) —obra que marcó un hito en el teatro de la postguerra— se puede calificar como el drama de la frustración social visto a través de tres generaciones de la clase media baja, asi como en La ardiente oscuridad (1950), La tejedora de sueños (1952), La señal que se espera (1952), Casi un cuento de hadas (1953), Irene o el tesoro (1954). En Hoy es fiesta (1955) y Las cartas boca abajo (1957), los ambientes se acercan a los representados en La historia de una escalera, desarrollándose respectivamente en la azotea y en el interior de unas casas modestas. Un soñador para un pueblo (1958) es, en cierto sentido, un «drama histórico» (sobre Esquilache, ministro de Carlos III). Sobre Velázquez, Las Meninas (1960), y Goya, El sueño de la razón (1970), están basados los dos dramas siguientes de tipo «histórico». A ellos se une La detonación (1977), que gira en torno a la figura de Larra. El tragaluz (1967) enfrenta dos mundos paradójicos: vencedores y vencidos. La doble historia del doctor Valmy (1976). En La llegada de los dioses (1971), vuelve a aparecer la ceguera del protagonista como símbolo de la rebelión contra las injusticias que le rodean. La aacheción (1974), en esta obra merecen destacarse las modernidades técnicas del dramaturgo: el público ve la realidad escénica a través de la fantasía del personaje principal. La situación política de fines de los setenta le inspira Jueces en la noche (1979). Con Caimán (1981), vuelve a los planteamientos sociales de su comienzo. La obra dramática de Buero Vallejo es considerada como la más relevante de la posguerra en España. A través de ella el autor intenta adquirir conciencia de las realidades de tipo psicológico, social o metafísico en que se desarrolla la vida del hombre actual. En 1980 recibió el premio nacional de teatro, y en 1986 los premios Pablo Iglesias y Cervantes por el conjunto de su obra. Muere en Madrid en el 2000.
¡Hasta el próximo ocaso, hermanas!

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