viernes, 7 de mayo de 2010

[La vida en las ventanas]

Buenas a todas!

Hoy hemos acabado con una Historia de una escalera en la que nos hemos reído a borbotones, aunque quizás haya faltado algo de sustancia a la hora de reflexionar acerca del texto, no sabemos bien si por la obra en sí o por nuestra propia relectura.

Para el próximo día empezaremos con el nuevo libro: La vida en las ventanas de Andrés Neuman, del que a continuación exponemos su sinopsis.

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La vida de Net, un joven universitario de provincias, transcurre entre la monotonía y el desarraigo. Tan sólo encuentra alivio a su soledad interior al escribir por correo electrónico a su ex novia Marina, la única persona que parece capaz de comprenderlo. Con un discreto fondo de intriga, el joven Net avanza entre pistas falsas como un detective de los sentimientos, y así, a través de esta sucesión de correos dirigidos a alguien sin rostro y sin voz, vamos conociendo el devenir y la evolución del protagonista, que verá cómo su alrededor se desintegra al tiempo que comienzan a aparecer algunos destellos de esperanza y de aceptación. La vida en las ventanas es un simbólico relato acerca de la soledad y la incomunicación en la llamada "Era de las Comunicaciones".







ANDRÉS NEUMAN

Escritor, poeta y columnista argentino, nacionalizado español, nació el 28 de enero de 1977. Hijo de padres exiliados, en su adolescencia se trasladó a Granada, en donde se licenció en Filología Hispánica. En España colabora en el suplemento de literatura del diario ABC.

En su primera novela, publicada en 1999, Bariloche, quedó finalista en el premio Herralde, donde Demetrio, el protagonista de la novela, trabaja de basurero en la ciudad de Buenos Aires, y tiene un compañero de faenas pluriempleado, de color negro, cuya mujer tiene una relación adúltera con el protagonista; la obra está dividida en setenta y cinco capítulos, en donde se alternan distintas voces.

Al año siguiente publicó un volumen de relatos, El que espera, dividido en dos partes, con una reflexión adicional en la que propone su propia filosofía de la composición.

También ha publicado tres libros de poemas, Métodos de la noche, El jugador de billar y El tobogán, con el que ganó en el año 2002 el Premio Hiperión de Poesía.

Aparte del premio mencionado, fue finalista del Herralde de Novela en los años 1999 y 2003 y del Primavera de Novela en el año 2002.

4 comentarios:

Flavia Krauss dijo...

Trabajas sin alegría para un mundo caduco,
donde las formas y las acciones no encierran ningún ejemplo.
Practicas laboriosamente los gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.

Héroes llenan los parques de la ciudad en la que te arrastras,
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
Al anochecer si hay neblina abren los paraguas de bronce
o se ocultan en los volúmenes de siniestras bibliotecas.

Amas la noche por el poder de aniquilamiento que encierra
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de La Gran Máquina
que te restituye, pequeñito, frente a indescifrables palmeras.

Caminas entre muertos y conversas con ellos
sobre cosas del tiempo futuro y negocios del espíritu.
La literatura estragó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.

Corazón orgulloso, tienes prisa de confesar tu derrota
y aplazar para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la injusta distribución
porque no puedes, solo, dinamitar la isla de Manhattan.

Elegia de 1938, de Carlos Drummond de Andrade

Flavia Krauss dijo...

A volver a ve[nti]lar por esta ve[nta]na...

Quereres: “qué vamos hacer con la verdad que todos somos algo solos?” El libro es ligero, y se parece a la vida misma; a mi vida les digo. Siempre escribo cuando todo se me cae, cuando todo se me huye, se me rompe. Y tengo la impresión que, por ejemplo, si reconstruyéramos una flavia por este blog, tendríamos una pa/labradora pesada y casi impotente en medio a la soledad y al lenguaje. Es que también creo que “el lenguaje es mi dominio sobre el mundo”, o entonces una especie de onanismo que atestigua mi falta de dominio sobre el mundo (o sobre mi mu[n]do). Qué rabia( jajaja)!

Y ahorita mismo, por el messenger, un amigo me dice que cabezas dogmáticas ven a dragones donde solamente existen molinos… Y juro que también odio a los que ven molinos donde existen dragones. Fin de película: le dije: qué le vaya bien Sr. Sancho Panza; él me contestó: good bye Gregor Samsa, lo que, por lo menos de mi parte, es un modo de decir: Te quiero y te necesito aquí, pero al revés. Ya sé que dentro de unos meses nos encontraremos como quienes se quieren y, dentro de 15 minutos, nos desencontraremos nuevamente. Les odio a estas personas (que, como en la página 30 del libro, de tan claras resultan casi ingenuas) con un amor antropófago, porque también me gustaría habitar este paraíso lánguido y lleno de molinos. Y es por esto que hablo, que escribo, que grito: la palabra es lo que me ar/resta, es una especie de a[nc]la, siempre la regalo para regarme, la propago como quien la pega en su cuerpo, como también aparece en la página 27 “Quizá por eso te escribo: para hacerme con mis palabras, para que me las devuelvas”, y para que con ellas me transformes.

Ya saben que me parece que exista una nada me rodea. Si me cambiara la N por una H, tendría un hada, pero recelo que, como Net (p. 42) tampoco crea en los milagros. Y de vez en cuando también soy asaltada por la sensación de que “todos duermen. Aburrido, me he asomado al balcón y he encendido un cigarro: es uno de esos light que no saben a nada”. Desde muy chiquilla, sentía que en la escuela estaría menos aburrida que en casa, y esperé cumplir 3 años para frecuentarla. Mi mamá lloró al dejarme allí, yo le consolé. A partir de entonces, me despertaba antes que sonara el despertador, me arreglaba y le llamaba a mi mamá. Me parecía muy raro que ella no se aburriera por quedarse tanto tiempo dormida en la cama. Hace 24 años que frecuento la escuela por miedo de aburrirme: miedo de quedarme sin nada que hacer y miedo de volverme burra (o de conservarme ad infinitum burra, es una cuestión de perspectiva, jajaja, como si la escuela hiciera a alguien inteligente…). Cuando estaba en casa, estaba “perdida en mi mundo”, como decían allí. Sola y perdida.

A los 13 años (Consol va a flipar…) aparece un novio en mi vida. Y ahora hay algo de Paula en mi palabrear. Un escándalo en la familia, en la escuela, en el barrio. La verdad es hay algo de escándalo alrededor del cuerpo y de los quereres de una chica de 13 años. Estuve con él y en contra a todos por, como mínimo, ocho años. Hasta hoy le veo como un rincón de cariño y comprensión en estas canteras del complejo-cerebro-corazón. Un modo machista de mirar la realidad? Bueno, somos lo que podemos ser, aunque también sienta que “el sueño es sagrado y alimenta de horizontes el tiempo en que estamos despiertos”.

Tertulia, sol nocturno, es que no vas a hablar nunca?

Un abrazo cargado de silencio y cariños desde Mato Grosso!

mariola dijo...

Oi linda nega!!

Não vou dizer nada do livro, porque não li ainda...Hoje também não vou estar na tertulia porque de aqui pouco vou para a UJI, ao teatro. Hoje é o dia!!
Mas queria dizer "obrigada" pela sinceridade das tuas palavras, por mostrar "mais Flavias" neste espaço des/conhecido para todos nós.
Uma mão, um abraço e um beijo, amiga.

Flavia Krauss dijo...

Tomara tenha sido tudo lindo, estive, estou, estarei sempre na torcida. Eu é quem devo agradecer: sempre venho aqui atrás de carinho ;) Baita beijo!