viernes, 23 de octubre de 2009

Colometa i la seua gàbia...

Hola a tots i totes!

Aquest divendres vam obrir els llibres i Xelo (que la setmana passada encara no tenia el llibre) inmediatament va dir que li agradava molt, perque li recordava a la seua infantessa barcelonina i perque les descripcions estan molt treballades.

Després vam llegir el sempre esperat comentari de Flavia (Moltes gràcies per recordar-te de nosaltres!), a partir del qual Jose Luis deia que la Natàlia no és tonta, que poc a poc va teixint-se la seua filosofia de la vida, que ho té tot pensat i que en breu ens sorprendra.

Per altra banda, Vicent va remarcar la presió i la presó social que ix reflectida al llibre, on tot té el seu temps i el seu lloc (parella, casa, casament, fills...) I Mariola ho afirmava dient la poca emoció en que Natàlia va enfrontant les coses, que ho fa perque s'ha de fer. Una forma de vida sense vida. Aleshores Jose Luis es posa en el lloc de Natàlia i diu que després de perdre a la mare, creu que el matrimoni li donarà sentit a la seua vida. Seguidament el mateix Jose Luis ens va començar a parlar sobre els coloms (el seu pare era colombaire) i ens contava que els coloms són molt gregaris i quan els soltes després sempre tornen a la gàbia. Com si tingueren por de la llibertat... Ens passa una cosa pareguda als humans? Doncs Mariola creu que el malnom de Natàlia "Colometa" és molt aclaridor.
Joan Traver deia que les presions socials estaran mentre hi haja humans, que és una cosa inherent, i vam discutir sobre la condició humana i el fet cultural.

Ens veiem el proper divendres comentant fins el capítol XXIII (pàgina 170).

Abraçades a tothom !




4 comentarios:

Flavia Krauss dijo...

“Olha a lua mansa a se derramar/ Ao luar descansa meu caminhar/ Meu olhar em festa se fez feliz/ Lembrando a seresta que um dia eu fiz/ Por onde for quero ser seu par/ Já me fiz a guerra por não saber/ Que esta terra encerra meu bem querer/ E jamais termina meu caminhar/ Só o amor me ensina onde vou chegar/ Por onde for quero ser seu par”

Flavia Krauss dijo...

Alephs, elfos y alfajores del barrio!

He leído el trecho de un solo tirón. Me quité todo el esmalte de la mano por lo angustiada que me pone el libro. Y a veces necesito levantarme de la silla donde leo porque algo se mueve dentro de mí. Necesito salir de mi habitación, ir hasta la cocina, rascarme la cara, tomar algo más de agua y charlar conmigo misma. Y ahora me imagino que Consol me imagina y se ríe de mí. Ahora que escribo también me río de mí misma. La tonta soy yo... Bueno, la rabia también sirve para que luego una se ría. Es que la palabra r[ab]ia ya viene embarazada de la palabra ría. Pero el caso es que Colometa no me hace reír nunca...

Vaya... qué asquerosa es la casi vida relatada en el libro, para valerme del comentario de Mariola... La casi nada que ahí se narra me destempla, me desespera, me exaspera. Bueno, la verdad es que la nada existe en algún lugar que no es en la narrativa. Muchas cosas se pasan, pero poco que me enganche: la verdad es que estas palabras más consiguen alejarme que engancharme. Cuando decía que me parece que Colometa no habla, tenía que ver con el hecho de que su lenguaje me parece que esté apartado del mundo interior. Ella se detiene todo el rato en descripciones exteriores, nunca habla sobre sí misma. Es como si el lenguaje no le sirviera para decir su propia verdad. Las emociones que el libro me despierta se relacionan justamente con su falta de emoción. Todo el rato se habla sobre el palomar, sobre la casa que quiere Quimet, sobre el el picaportas y otras cosas que para mí no tienen importancia; en el libro nunca se habla sobre las personas como hechas de sangre y sentimientos, neuronas, hormonas, deseos, desdichas, dudas y deudas. Considero que el colmo sea la muerte de la madre de Quimet. No puedo creerme que la tomaron así, tan sosamente, como si estuvieran tan muertos como la señora de los lazos...

Me parece que el primer encuentro efectivo de la narrativa sea el de Natalia y Mateo (miren ustedes, creo que ya puedo ganarme la vida como vidente...), en capítulo 24. Está bonito el primer eslabón que se esboza ahí. Esto de que la tarde sería azul si no fueran tantos deseos en mucho se contrasta con lo que viene antes... Por ejemplo... Tuve ganas de saltar la descripción de la casa donde empieza a trabajar Colometa. Y la leí así, una palabra sí, siete no. Pero Colometa es viva, creo que lo hizo para picarme, porque pronto se explica y dice “si hablo tanto de la casa es porque la veo como un rompecabezas”. Bueno, anteriormente ya nos había aclarado que hay un hito en la historia: “rompecabezas pequeños” versus “rompecabezas grandes”. La casa ya estaría en la era de los rompecabezas grandes.

Alaaaaaa, tengo que pedirles disculpas porque la única clave con la cual consigo entrar en este libro es a través de los símbolos que nos escupe en la cara... Normalmente (que va... ahora me meto en la paradoja de que exista lo normal hasta para los subnormales... jajaja, tanta jerarquía solo para joderme a mí y, encima, la reproduzco...) A ver... Normalmente (por falta de una palabra menos necia) no suelo decir que esto puede significar aquello, pero me parece que he tomado a este libro así, con cierto aire de Quimet, un sabor de sabelotodo: “la puesta del sol es un símbolo de la puta madre que me parió. El palomar hace alusión a mi propia porquería.” Discúlpenme, pero es que lo único que consigo hacer es sondar los símbolos que hacen bailar a Colometa; es la única puerta que me aproxima a La Plaza del Diamante. (Es que cuando empiezo con algo y este algo me gusta...y veeeeeeeeenga a hacer lo mismo, cómo narraría Natalia... jajaja, es chillante que la rabia de Natalia es la rabia de Flavia, de mi propia parálisis, de mi propia “nada de nuevo”) A veces el “venga a hacer lo mismo” se relaciona con alguna música, a veces con películas, a veces con comportamientos o alguna ropa. Bueno, creo que esto tenga que ver con la libertad, o su ausencia (una temática que creo que empapa al libro y nos toca a todos).

Flavia Krauss dijo...

De mí parte, todo el rato me construyo pequeñas cárceles en las cuales pueda acomodarme en una butaca y descansarme de la desestructuración con la cual se me presenta el cotidiano. Me apoyo en la butaca y veeeeeenga a estructurar alguna escuálida cualquier cosa.

Difiero de la mujer para quien trabaja Natalia al decir, en el capítulo 18, que el amor sea “la eterna cuestión”. Defiendo que la cuestión sea la libertad. La verdad es que después de escribir escándalos caudalosos en este blog en pro de la palabra amor, levanto otra bandera: pena capital a esta puta y pesada palabra. Podríamos cambiarla por otra más ligera (como arrullo) o con más impacto (como chusma). Pero más difícil es quedar qué va a significar dicha palabra... No es sin pesar y vergüenza que una cambia de opinión en público: es como declararse imbécil en un megáfono. Lo peor es que lo que defiendo en este párrafo es un plagio pálido y poco proficuo de aquel señor italiano que me parecía tan infame... Y ahora me pongo rabiosilla porque he nacido rabiosilla... Y resulta que el misterio de ser “rabiosilla” tiene que ver con el del perro que persigue la propia cola. Igual me resulta con la palabra libertad. Y daaaaale desearla. Y veeeeeenga a desear lo mismo.

Justamente porque me parece placentero el poseerla, me siento encadenada a un caminar inmensurable, embalada por cierta búsqueda en que pueda abarcarme; por ende me esmero en lo efímero, me anclo a una religión de lo resbaladizo. Hay un indescriptible que invariablemente me insta a lo inestable, y que a veces lo identifico con una inercia de lo imposible. Total que no raramente me siento sola, una prisionera del pasillo, de la carretera, encapsulada en un incierto escabullarse, ya que siempre aparco en los parches de las an/danzas de de un cre/ser que querría la seguridad y la claridad de diótima, pero que no consigue llegar a ser dionisio, y ni siquiera a desdémona. Nunca sé si soy la dramaturga que arquitecta tales actitudes o si éstas simplemente me pillan sin pedir permiso. Claro, si tuviera que decirlo en otra parte del mundo, para otras personas, representaría algún papel y diría que soy la responsable por todo. Pero sospecho que no sabría hacerlo de forma distinta. Me siento como una sarna que no sosiega y necesita d[esc]ansar... Y veeeeeeenga a despejar disparates en esta página.

Bueno, por hoy voy a dejar de joderles con estas gilipolleces que se agigantan... Al fin y al cabo, lo que me embala en este blog es la hipótesis de que sea una senda para acceder a San Agustín y colmarles con lo mucho que les quiero. El querer es una querella quijotesca que casi nunca se aca[l]ma... Un mogollón de gracias por las escuchas, por las cosechas, y por el silencioso guarecerme en medio a tantas casi quejas. Qué lástima, acabé por escribir un texto casi triste para ustedes que siempre me corrompen con alegrías... Es que existen palabras deliciosas que, en su desarrollo, por veces, me deprimen... Caramba, creo que mi voto para la próxima lectura va para alguna obra de auto-ayuda. Cualquiera que tenga como título algo semejante a “Cómo liberarse de la libertad?”; o entonces “La emancipación que emana de nosotros en siete pasos y sin la necesidad de ensayos ”.

Mil besos de quien ya no quiere calentarse los sesos. Les quiero a ustedes, que me callan adentro.

Cariños y ungüentos, queridas alcazabas que me protegen de mis pensamientos.

Anónimo dijo...

hola a tots y sobretodo ciao flavia,que usas tan bien las palabras!!!!!!!
tengo dificultades en leer este libro, estoy esperando un poquito para que pueda leer màs,asì que estoy escribiendo para que sepais que os pienso,que leyendote flavia me leo(???) a mi misma,podrìa ser que natalia me pone nerviosa porquè yo misma me pongo nerviosa, y esperando que salga algo de ella espero que salga algo de mi.
necesitaba escribiros algo,màs sobre el libro la proxima vez.


yo digo que estarìa bien leer la odissea.
besos a tots,karen